miércoles, 22 de julio de 2009

EL CRIMEN DE BENIFALLIM

Benifallim era un pueblo tranquilo. Situado en la provincia de Alicante, sus casas blancas y pequeñas, trepando por la ladera de la montaña, refulgían bajo el sol abrasador de agosto.
Corría el año 1999. Era el día 20. Hacia el mediodía los agentes forestales se alarman. En medio del campo, en la masía conocida como Les Vaquerises, se ha producido un incendio. Las llamas pueden extenderse en una zona tan seca como aquella. Los agentes aprietan a fondo el acelerador de su vehículo. Al llegar, quedan horrorizados. Tres personas, totalmente carbonizadas se hallan entre los restos. Todos los indicios señalan a que se ha producido un triple crimen. Muy pronto llegará la Guardia Civil y comenzarán las indagaciones.
Tres muertes concitan el interés de los medios de comunicación. Circulan noticias de que la dueña guardaba en la finca 400 millones de pesetas, fruto de la venta de unas tierras. La mirada de España se posa sobre aquel apartado rincón, donde el olivo, la vid y el almendro modulan el paisaje mediterráneo. La somnolienta tranquilidad del pueblo desaparece de la noche a la mañana.
Pasan los días y las investigaciones policiales se centran en un sospechoso. Se trata de Francisco Gómez, un joven residente en Alcoy que acude a trabajar a la masía. La Guardia Civil lo detiene. Lo somete a interrogatorios. Francisco se autoinculpa.
En el cuartelillo de la Guardia Civil de Cocentaina la máquina de escribir echa humo. El joven va hablando y ofrece detalles. El viernes, 20 de agosto, se dirigía, como otras veces lo había hecho, hacia la masía Les Vaquerises. Allí había mucho que hacer y podía ganarse un dinerillo. En el camino, ya dentro de las tierras pertenecientes a la finca, le entran ganas de orinar. Sin dudarlo, se pone a ello. Cerca, percatándose de lo que hace, se encuentra Elvira Monllor, la dueña de Les Vaquerises, que ha salido con los animales de la granja para que se alimenten de forma natural. No le parece bien que aquel muchacho haga sus pequeñas necesidades a su vista. Se lo recrimina. Él contesta. La discusión se eleva de tono. Entonces, Francisco se apodera de un rastrillo y golpea a la dueña en la cabeza hasta que la deja sin vida. Es su primera víctima.
En la masía trabaja un empleado que se llama Rigoberto Luís Esteve. Es un hombre de 47 años. Ha oído los gritos y acude con prontitud. Francisco Gómez lo sorprende. Es un ataque repentino. Primero lo golpea con el rastrillo en la cabeza y lo deja semi inconsciente. Aprovecha la indefensión de Rigoberto y le ata las manos. Seguidamente, con la misma herramienta, le golpea en la cabeza hasta acabar con su vida.
Francisco Gómez contempla aquellos dos cadáveres. Su cabeza intenta pensar rápido. Lo más fácil sería huir. No hay testigos que puedan inculparlo. Pero aquellos cuerpos tendidos al sol… Puede pasar alguien, verlos, dar la voz de alarma. En aquellos momentos lo más juicioso sería ganar tiempo. Sí, eso, ganar tiempo. No lo duda. Comienza a arrastrar el cuerpo de sus víctimas hacia la cuadra de la masía. El sudor le cae a chorros por la frente. Pero va ganando metros hacia la cuadra. De pronto… De pronto hace acto de presencia Francisco Miró, tío de la dueña de Les Vaquerises. Acude como cada día para ver a su sobrina. Una mujer de 54 años necesita que un familiar vaya a interesarse por ella. Es bueno que todos lo sepan, que sean testigos de esas visitas.
Pero aquel día, este hombre de 75 años va a llevarse una sorpresa. Una fatal sorpresa. Lo que está viendo le cuesta creerlo. El cuerpo de su sobrina y el de Rigoberto se hallan sin vida en el suelo mientras Francisco Gómez los arrastra hacia la cuadra. El descubrimiento de semejantes hechos exaspera al familiar de la dueña. El asesino, a su vez, al verse sorprendido se apresta a seguir matando. Su mano busca instintivamente el rastrillo. Ambos contendientes forcejean. Pero Francisco Gómez se las ve con un hombre mucho mayor que él, cuando ya los reflejos y las fuerzas se hallan disminuidos. Además, la herramienta que esgrime le da una ventaja decisiva.
La pelea termina como es de suponer. Francisco Miró será la tercera víctima. Su cabeza también ha recibido unos fortísimos golpes de rastrillo que le han provocado la muerte.
Ahora son tres las víctimas que ha de arrastrar al interior de la cuadra.
De los 400 millones nada sabe. Tampoco la policía ha podido hallarlos.
La autoinculpación de Francisco Gómez simplifica las cosas. El juez instructor del caso ordena su ingreso en la prisión de Fontcalent, a la espera del juicio. Todo parece concordar. Las declaraciones del joven Francisco encuentran mayor verosimilitud con los dibujos y croquis de la masía que él mismo realiza, señalando la ubicación de los tres cadáveres. Nadie pone en duda su versión.
Pero sorprendentemente, pocos días después de su ingreso en prisión, Francisco Gómez cambia su declaración y aduce que ha sido presionado por la policía. Manifiesta a este respecto: (Los guardias) “…me metieron en un cuarto y me empezaron a agobiar.” Y también: “Yo no he sido. Yo no sé nada.”
Según la legislación vigente, un acusado no puede permanecer en prisión más de cuatro años sin que se celebre su juicio. Automáticamente quedaría libre en espera de que se celebrara su vista.
Francisco, tras los barrotes de Fontcalent observa cómo las horas se transforman en días, los días en meses y éstos en años. El 26 de marzo del 2003 se cumple el periodo máximo de prisión preventiva. Y Francisco, acusado de dos homicidios y de un asesinato, es excarcelado.
El escándalo estalla en toda España. La opinión pública se pregunta cómo es posible que la Justicia se haya “olvidado” de un preso sobre el que recaen tan graves acusaciones. El Consejo General del Poder Judicial, ante una falta tan grave, abre expedientes disciplinarios a la jueza instructora del caso y a dos fiscales, también vinculados.
Finalmente, Francisco Gómez se sienta ante un juez. Es a comienzos del año 2004. En la sala hay un jurado de nueve miembros. Se celebran ocho sesiones en la Audiencia Provincial de Alicante. El 5 de marzo el jurado ha llegado a una conclusión. El acusado es culpable de la muerte por homicidio de Elvira Monllor y de Francisco Miró, tío de ésta.
En cuanto a la muerte que le infringió a Rigoberto Luis Esteve se considera un asesinato, puesto que fue un ataque “sorpresivo y repentino” con “alevosía”. El jurado, así mismo, descartó la supuesta “presión policial” aducida por el condenado, puesto que determinados detalles relativos a los cadáveres no hubiera podido aportarlos el homicida sin haber estado presente en el lugar de los hechos. Respecto al incendio de la finca, fue declarado inocente.
El 15 de marzo se hacía pública la sentencia. A Francisco Gómez se le imponían 24 años de prisión. Se le había aplicado una circunstancia eximente incompleta de enajenación mental. Se mencionaba que el condenado aún comprendiendo que matar “no está permitido” presentaba dificultades para acomodar su actuación a este principio. También tenía que hacer frente a una indemnización de 378.000 euros, a distribuir entre los damnificados por la muerte de sus tres víctimas.
El 16 de marzo ingresó en prisión Francisco Gómez. Él sigue proclamando su inocencia. “Yo tengo la conciencia tranquila. Yo soy incapaz de hacer eso.”
Pero si lo hizo, ¿hay un móvil claro?, ¿puede constituir un motivo el hecho de que le afeasen la conducta por orinar en el campo?, ¿cómo es posible que el procedimiento que debía desembocar en su enjuiciamiento tardara en tramitarse más de cuatro años?, ¿quién o qué provocó el incendio de la masía con los tres cadáveres en su interior?, ¿ha quedado totalmente descartado que Elvira Monllor dispusiera en su vivienda de una cantidad de dinero tan abultada como son 400 millones de pesetas?
En el futuro, Francisco Gómez podrá volver a sentarse en el banquillo. Su abogada defensora consideró severa esta condena y apeló ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana, que será el órgano encargado de promulgar el fallo definitivo después de haber admitido a trámite el recurso.
Muchos interrogantes necesitan ser aclarados aún.

No hay comentarios:

Publicar un comentario